jueves, 9 de septiembre de 2010

Relato de hoguera

Era una noche fría. El Urano se encontraba cubierto de nubes, y pequeños cristales de agua congelada caían sin cesar. Tres niños se encontraban en su habitación, al lado de la hoguera, con sus abuelos y su padre. Los tres mayores intentaban divertir a los niños, trataban que su respiración se tornara en una risa sincera.

-¡Se lo pido por favor abuelo! Tan solo una historia más. Nos gustan sus historias- comentó la niña, la de piel pálida.

-Pero se está haciendo tarde allí afuera, la oscuridad se hace cada vez más profunda- replicó el abuelo, luego de hacer volar su imaginación durante horas y horas.

-Tan solo una más. Y luego nos vamos a dormir- sugirió el hijo mayor, el dueño de la responsabilidad.

Los adultos intercambiaron cómplices miradas, pero fue el que era padre e hijo a la vez el que tomo la iniciativa.

-Adelante padre. Usa tu maravilloso ingenio, haz que tu fantasía tome alas y déjala volar- dijo sin dudar, desafiando a su progenitor, creyéndolo incapaz de inventar alguna otra historia.

El anciano no tardó en entender la propuesta de su hijo, y revolvió en su memoria, buscando ideas nuevas, una historia impresionante que saciara la necesidad ininterrumpida de los niños. No solo él sabía los pensamientos que surcaban por sus ojos. También los dioses lo observaban, en especial Palas Atenea, la de los ojos claros, divertida ante la imagen familiar. Ella había visto todas las aventuras y los desafíos que esa pareja y su hijo habían surcado a lo largo de su vida, y se sorprendió de que el abuelo no pudiera inspirarse en su propia vida. Sin embargo, como si el octogenario hubiera leído la mente de la diosa, recordó aquella lucha que debió realizar para salvar su vida.

-Ya sé que les contaré niños, pero les pido prudencia con esta historia, no todos pueden saberla- dijo con la risa navegando en su mirada. Su hijo y su mujer lo notaron, y ambos se relajaron, dispuestos a escuchar una historia ya antes escuchada.

“Seguramente recordaran que alguna vez les conté la historia de la Guerra de Troya, ¿verdad? Este relato surge de allí, cuando un soldado lleno de gloria y astucia no podía regresar a su casa, a su hogar. Tardó 20 años en volver a su tierra, y debió vencer y atravesar todo tipo de desafíos. Supo estar cautivo en la isla de Ogigia, en manos de la noble Diosa Calipso, o en la isla de Eea, bajo el poder de la engañosa Circe, ya que ambos lo pretendían como esposo. Pero su deseo de regresar venció cualquier riqueza o posibilidad que le dio la vida, y decidió cumplir con la misión que le había dado Zeus.

Cuando salió de Ilios, el viento lo trasladó hacia los cicones, hacia Ismaro, una ciudad de esa tribu. Allí destrozó la ciudad, mató a los hombres y capturó su ganado. Quiso emprender la retirada, pero sus compañeros acamparon. Y a la mañana siguiente se vieron rodeados por nuevos cicones, reclutados por los que lograron huir. Los atacaron con las naves, y durante la mañana lograron sobrevivir, pero después varios de sus compañeros perecieron, cultivando la tristeza en su pecho.

Se alejaron de allí, por el Mar, en sus naves, pero Zeus, junto con Bóreas, el dios del frio viento del norte, armaron una gran tempestad, que envolvió tanto el cielo, como la tierra y el Mar, lo que hizo que las naves tomaran su propio rumbo, rompiéndolas. Finalmente, toparon con la tierra de los Cíclopes, luego de un percance con los lotófagos.

La tierra de los Cíclopes no era cultivada ni sembrada, pero de ella nacían todas las plantas y habitaban todos los animales. Al llegar, desembarcaron, y durmieron hasta la llegada de la divina y brillante Eos. Cuando esta se dejo ver, recorrieron la isla y cazaron en gran cantidad, bendecidos por un dios. Comieron hasta el cansancio, hasta que Helios se escondió y fue reemplazada por la divina Eos, la de los dedos rosados. Nuestro valeroso y astuto soldado decidió embarcar e ir en busca de la hospitalidad de esos hombres.

Ya en tierra, vieron a un varón gigantesco, un monstruo prodigioso, junto a una caverna al extremo del horizonte, rodeado de un rebaño de ovejas y cabras. El astuto soldado eligió a doce de los más valientes compañeros, y cargando un odre de piel de cabra llena de vino que Marón, sacerdote sacrificador de Apolo, le había regalado, y junto a ellos se dirigieron a la gruta. Allí no encontraron al cíclope, pero encontraron la gruta rellena de quesos y leche. Los compañeros recomendaron ser precavidos, tomar el alimento y marchar en paz, pero el sagaz guerrero decidió avivar el fuego, consumir las delicias que allí se encontraban y esperar a que el dueño regresara. Así lo hizo el monstruo, regresando de los pastizales con sus ovejas, cubiertas de lana. Antes que alguno de ellos pudiera reaccionar, el cíclope trabó la puerta con una inmensa pieza de roca, dejándolos atrapados dentro de la gruta. Al verlos, les pregunto qué hacían en su morada, a lo que el audaz combatiente respondió que necesitaban asilo y alimentos, que se hayan perdidos y buscaban un poco de su hospitalidad. Además, agregó que su nave había sido rota por Poseidón, el que sacude la tierra. El monstruo no contestó, pero supo reaccionar. Se abalanzó sobre dos de los hombres, los tomó y los aplastó sobre el suelo, rompiendo sus huevos y haciendo que sus entrañas salieran del cuerpo, para luego meter todo en su boca y comerlo, sin dudar. El pánico ataco a los compañeros del soldado e incluso a él mismo.

Con la llegada de Eos, la de los dedos rosados, el ciclope hizo sus labores y volvió a matar a dos hombres para consumirlos y saciar su hambre. Salió fuera de la gruta, colocando la roca usada como puerta, y dejo al astuto soldado pensativo, tratando de idear la manera de salir de allí. Una idea brillante surcó su mente, y le pidió a sus compañeros que pulieran la rama de un olivo, que el finalmente terminaría afilando.

Al llegar el cíclope, el soldado lo convido del vino dulce que Marón, sacerdote sacrificador de Apolo, le había dado. El cíclope bebió todo lo que el guerrero le ofreció, y al preguntar por su nombre, este le contesto que debía llamarlo por el nombre de Nadie. El monstruo, borracho, cayó de espaldas al suelo, sin sentido alguno. Los hombres aprovecharon, y calentaron la rama de olivo que habían afilado en el fuego. Entre cinco compañeros, clavaron la estaca en el ojo del cíclope, haciéndolo girar y presionando hacia adentro, logrando que todo el suelo se cubriera de sangre y que el monstruo largue una serie de gemidos y gritos a causa del dolor.

Los otros cíclopes que allí habitaban acudieron a él para ver que le sucedía, llamándolo por el nombre de Polifemo. Este, engañado por la astucia del soldado, le contesto que Nadie lo estaba matando, logrando el enfado de los cíclopes y la retirada de estos. El cíclope, totalmente enojado, levanto la gigantesca roca y se puso sobre el límite de la gruta, para impedir que los hombres se escaparan. Nuevamente, fue superado por el ingenio del hombre, ya que se asieron a los carneros por la lana, ubicándose en el vientre, logrando escapar. Así fue como los hombres pudieron escapar de las manos del terrible cíclope Polifemo”

El abuelo termino su historia y miro a los tres niños, totalmente atentos a la narración. Todos aplaudieron al anciano, pero la niña, la de la piel pálida, no pudo evitar preguntar.

-Pero abuelo, ¿Quién era ese valeroso hombre, ese soldado astuto del que tanto nos has hablado? ¿Por qué no has dicho su nombre?

El abuelo simplemente sonrió antes de responderle a su querida nieta.

-No me pareció que fuera un dato relevante. Algún día se los diré. Ahora a dormir niños míos. Los veré luego de que Eos aparezca y cuando Helios se encuentre sobre nuestras cabezas.

Los pequeños se acostaron, y la pareja, junto a su hijo, salieron de la habitación.

-Dime padre ¿Por qué no les has dicho que el protagonista de esa historia eres tú? ¿Por qué no les has dicho que esa historia la viviste tú, el divino Odiseo, rey de Ítaca?- preguntó al alejarse el divino Telémaco.

-Es simple querido hijo- le respondió el astuto Odiseo con una sonrisa en su rostro y abrazando a su esposa, la prudente Penélope-. Si les decía que el que vivió esa aventura fui yo, todas las noches me pedirían una historia diferente.

1 comentario:

  1. YO QUIERO UN ABUELO ASÍ!!!

    JAJAJAJA. LINDÍSIMO BLOG. TE DEJO UN BESO GRANDE Y TE INVITO AL MÍO, http://malatendida.blogspot.com :)

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