viernes, 20 de agosto de 2010

Fruto de mi imaginación

No estás. No te veo, no te siento, conmigo no estás. Sabía llevarte conmigo siempre, como una estrella brillando en la profundidad de mi oscura mente, como el tintineo de un cascabel en medio del silencio. Como fue que te saliste de ahi? Te busco y te busco. Te encuentro, agazapado en un rincón. Te aliento a salir, te ofrezco mi mano y mi vida a la vez. Pero sigues ahi, entre asustado, dolido y enojado. Me miras con mirada triste, tu cabeza me niega sin cesar. Tu escencia de estrella desaparece, tomando otra forma. Pasas a ser un grito desgarrador de dolor, un curso de lágrimas recorriendo mis mejillas. Sin sentir y sin dolor, corro, huyo de ti lo más rápido que puedo Sigo corriendo, te pierdo en el horizonte. Dejo de escuchar tu respiración, solo escucho la mía.
Instintivamente, volteo hacia atrás, te busco con la mirada. Y nuevamente te encuentro, sorprendido de mi reacción. Escucho tu voz, como siempre, y de tus dientes surgen órdenes sin autoridad. Te obedezco aunque no quieras, tus pensamientos son mis mandamientos. Regreso hacía ti, te levantas para mirarme. La oscuridad nos rodea, nosotros somos la luz alli. Y cuanto más me acerco, más se ilumina mi mente. Tu presencia aclara todo, da sentido a lo imposible. Una hermosa sonrisa surca tu boca. Con un gesto puro y sincero, abres tus brazos y yo me acomo, como niño en su cuna. Me abrazas, me rodeas, me contienes. Me dejo estar, en un momento perfecto, siendo totalmente plena. Tu hombro se transforma en almohada, tus manos en suaves cobijas y tu voz en una lenta canción.
Me induces al sueño, cuando me tenias viviendo uno en ese mismo momento. Cierro los ojos, solo te siento a ti. Cualquiera diria que cantaban ángeles, yo digo y aseguro que el que cantaba eras tú. Tu balada termina, abro los ojos, y encuentro los tuyos cerca de los mios. Tu alma se reflejaba en mi mirada, mezclandose con la mia. Nuestros alientos se entrecortan y las distancias se acortan. Sin querer, sin saber, sin esperar, tus labios rozan los mios. Lento y dulce, sincero y mágico. Me diste ese beso único, inolvidable. Y de tu ser salieron las mejores palabras que pudiste dedicarme alguna vez, expresando el sentimiento que ambos sentiamos. Sentimiento irrepetible e inigualable, tu boca dijo un te amo. Y allí me sostuviste, me miraste hasta que yo desperte de mi sueño, dandome cuenta que lo que acababa de vivir era simplemente mi más profundo deseo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario